23 Mayo 2012
Recuerdo Red Sky en los límites de mi prestigio,
recuerdo a Joseph P. sobornando a la muerte
y a mis hijos de niebla intuyendo
todo tipo de fracturas venideras.
...
Recuerdo como el fino labio asesinó mi verso;
recuerdo al filósofo con lápiz
y añejos ojos.
Recuerdo las doradas alas de mi ángel particular;
ése que quiso quiebras
y quejas atiborradas de éter.
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20 Mayo 2012
Sé lo que sé...¿***?
SABES?
Sé lo que sé:
El último viernes del mes de diciembre
el espectro me miraba bien.
Sé lo que sé, le dije.
Me insultó y dormitó en el baño
tras tomarse el último y solemne trago.
Luego, se fumó un pitillo seco de esperma
y escupió 3 veces seguidas para espantar
el mal de mi corrompida sabiduría.
Sé lo que sé...
NO TE PARECE SENSATO?
Esto es lo único que sé.

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16 Mayo 2012

Habla el diablo y todos escuchamos.
La cuchilla sombreada de la Muerte
se pasea dócilmente
seccionando cuellos de inocentes;
mas, cuando creemos que lo relativo
es la mayor de las verdades,
la combustión aflora y devasta
todos los yerros del ser humano.
Regeneración de siglos en un microsegundo
gracias al fuego recóndito e insondable.
Esperanzas que se vuelven cenizas,
ramalazo inmediato que deja huellas de terror,
cenizas que son trasladadas hacia el más allá
por las garridas manos de la firmeza.
“Nacer para morir”
no debería ser olvidado…
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14 Mayo 2012
Tintinea el cortaplumas de las bestias
y el ardor se propaga sin descanso
al tiempo que se extinguen
las angustias del caos.
Ojo por ojo
es símbolo de pobreza espiritual.
Y aún así,
es la insignia que gobierna
donde la simiente del ser humano
es depositada con aspereza.
Ocurre que se nos da una vida para vivir,
para anhelar, amar, favorecer, levitar…
pero casi todos la utilizamos para combatir,
dividir, herir, odiar y maldecir.

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7 Mayo 2012
Idiota: Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás. Y pese a esta clara explicación, he de decir que siempre me he tomado en serio a los idiotas por dos motivos: nunca nadie los toma en serio, y eso resulta algo discriminatorio, y también porque tengo la sensación de que cualquier día dejarán de serlo y nos pillarán muy desprevenidos, arrojándonos piedras a la cabeza por habernos reído de ellos durante años. Por otro lado, supongo que idiotas –por mucho que nos duela- de alguna manera lo somos todos, y a su vez nadie es idiota, depende del rigor con que nos evalúen los ojos ejemplarizantes que nos rodean. También deberíamos pensar que saber quién es realmente idiota no es tarea fácil: “Cuando dirijo hago de padre; cuando escribo hago de hombre; cuando actúo hago de idiota”, aclaraba Jerry Lewis, que de idiota tenía poco o nada, pese a que muchos lo pensaran. Incluso Tomás de Aquino asegura que “los tontos son legión” (sentencia confirmada por la autoridad de Dios); si sensato es el hombre reflexivo, en lo que se refiere a las acciones más o menos profundas de la vida, a los idiotas les falta el sentido común para estas acciones, aunque eso no quiere decir que sean realmente idiotas, es más, la acción de parecer idiota puede ser la artimaña de una persona muy inteligente que, al hacer esto, intenta sobrevivir a los energúmenos que le rodean, tal vez porque considera que ellos sí son verdaderos idiotas y así no le “reconocerán”, o porque desde la altanería de la suma inteligencia, considera que no merece la pena mostrar o malgastar su potencial con “seres menores”.
Otro factor a tener en cuenta es que la caracterización de su idiotez reside en la falta de sensibilidad y empatía con los que les rodean. Ellos, por naturaleza, suelen mostrarse como seres egocéntricos y huraños, usando técnicas simples para alcanzar sus propósitos con bastante éxito, dicho sea de paso. Asimismo, podríamos concretar 5 características básicas para reconocer la verdadera idiotez: 1. Los idiotas tienen muchas amistades. El mayor número de amigos marca el grado máximo en el dinamómetro de la simpleza. 2. Los idiotas sólo gustan de admirar una cosa cuando lleva una etiqueta. 3. Si el suicidio fuese una moda ya nos hubiéramos librado de muchos idiotas. 4. Existe una manera eficaz de conocer a un genio: todos los idiotas intentan cerrarle el camino. 5. La diferencia entre genialidad e idiotez es que la genialidad tiene límites. No obstante, pese a estas concreciones, yo me quedo con la frase de Sigmund Freud: “Sólo existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo”. Así pues, dichosos aquellos que dormitan en los mares de la deficiencia.

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3 Mayo 2012
No miento por rebeldía
y tú lo haces ya que el pavor denota vencimientos
justo antes de que el vuelo de los últimos ciclos
consuma nuestra forma de malvivir.
Ojo por ojo es motivo de reyerta continua.
No aprietes el puño si tu alma está obsoleta
o lo crudo de la imperfección que te circunda
decreta más logros que condenas.
Los días en tus manos lánguidas
son armatostes por detonar…
Aprietas los labios y no entra el aire,
masticas sospechas aunque no sean más
que severas ingenuidades.
No falseo por rebeldía,
no lo hago por considerarme yo
una persona íntegra,
sólo es que tras toda verdad se esconde
una ráfaga sangrienta
dominada por el furor del látigo vital.

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17 Abril 2012
Poseer un “tic tac” en el corazón no es tarea fácil cuando los necesarios recortes ya han afectado a la tela de tus calzones. Los Mercados –legítimos regentes de los Gobiernos democráticos- señalan que todo recorte es poco, al tiempo que la desazón ciudadana se enfurece, así como lo hace el ensangrentado toro un microsegundo antes de lanzar por los aires al banderillero. “En este mundo, ninguna cosa es cierta salvo la muerte y los impuestos”, aseguraba Benjamin Franklin. He de suponer que vincular la muerte con los impuestos no es algo tan descabellado, sobre todo en estos tiempos de pan para todos y salchichón sólo para unos cuantos privilegiados (gentes trajeadas, con cabello negro engominado y tarjeta Visa Platino con la que abrillantan su destino). Igualmente sobre este tema habla Juan Pina al indicar que “el llamado "Estado del bienestar" se ha convertido, en realidad, en el "bienestar del Estado". El Estado despilfarra millones en todo tipo de actividades que no le son propias, y contrata en nuestro nombre a millones de empleados que no nos hacen falta. Para ello nos exige pagarle en forma de impuestos un porcentaje enorme de la riqueza que producimos mediante nuestro trabajo o negocios”. Por consiguiente, si esto fuera cierto, el “tic tac” de nuestros alelados corazones pudiera acelerarse, es decir, perturbarse en demasía al saberse engañado por un Estado que no da tanto como nos hace creer. Así es que, sobre el asunto de los impuestos y el bienestar virtual, el filósofo británico William Taylor aclara: “Los impuestos no solamente nos empobrecen (quitándonos una parte sustancial del producto de nuestro esfuerzo). También nos hacen menos libres, ya que son el mecanismo que el Estado emplea para hacernos consumir esto y no aquello o comportarnos económicamente de una u otra manera. Gravando y desgravando a su antojo, el Estado nos induce a actuar como él cree conveniente. Así, los impuestos nos convierten en marionetas del ministro de Hacienda”.

Entonces, ¿pudiera ser que no importen tanto las ideologías que nos gobiernen, sino el color y el peso del dinero que vamos subministrando primeramente al Estado y, acto siguiente, a los fantasmagóricos Mercados? ¿Es posible que la crisis económica no sea más que una especie de “purga” en la que se estén “equilibrando” las jerarquías sociales? Yo no lo sé. Lo cierto es que sobre este tema existen muchas preguntas y muy pocas respuestas veraces, muchas personas agobiadas por un trance difícil de entender y muy dificultoso a la hora de exponerlo ante la opinión pública. Pero eso no significa que algunos todavía nos preguntemos en qué momento fueron exterminados los ideales por la decisiva autoridad de los Mercados.
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12 Abril 2012
A Juan Vidal Fraga, in memoriam
Suele ocurrir que nosotros,
los que vemos un poquito más allá
de lo establecido, vivimos cautivados
y tenemos ganas de versificar
por imposibles y por pasiones distantes
y por sabe Dios qué más.
Ella, tan compleja que parecía muy simple,
fue el gran gusto del momento,
la caricia demente del final del verano,
fue un soplo de felicidad
del que no te puedes enamorar.
Como siempre: la observas, la elevas,
la amas poco más de 30 segundos
y te ves más perdido que un difunto
en un parto de trillizos.
Ella –suspiro-, una de tantas mujeres
que se hacen bellas a medida que piensas
en la vehemencia eterna,
me hizo calibrar el ritmo de mi ceguera,
hizo que me vistiera de gala una vez más,
para luego perderla, sin más ni más.
Pero, amigo, suele ocurrir que los poetas
nos comportamos como tales,
ya sabes, como poetas.
Y he de decir que valió la pena y la cabeza,
siempre vale la pena amar hasta poder amar,
aunque sólo dure 30 segundos y 900 días
en coma sentimental y un ojo morado
a causa del brusco golpe
y un poema de amor agridulce
que ahora intento escribir de la mejor
de las maneras, dejando a un lado
las más ásperas lamentaciones.
(Del poemario “Neurosis Tremens, año 2005)

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