25 Enero 2012
Arrancamos la fibra de lo útil
con nuestras manos de tristes encuentros.
Solicitamos un entendimiento imposible de comprender
cuando no somos más que aves de paso y deudores
sin conciencia ni buenas maneras.
Fatigados frente al orgullo de ser hombres
lamentamos todo aquello que no nos hizo prosperar
ni medrar...
Quizás en otro lugar o en otro páramo corrupto
logremos inclinar la balanza de lo blanco y lo oscuro,
ocultando bajo los rostros de la indiferencia
el lugar idóneo para demostrar felicidad.
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24 Enero 2012
Entre luces y sombras reside la auténtica imagen de la infinitud que tanto ansiamos desde que el hombre posee agudeza y ansias de alcanzar la perpetuidad. La oscuridad es un hábitat donde moran los más indecorosos y despreciables actos del ser humano. La oscuridad anhela abrazarnos con sus uñas de apático argento y sus dientes amarillentos; la oscuridad está en todos nosotros: en ocasiones nos envuelve sin remedio, y el sabio tropieza a consecuencia de ella, y el ignorante permanece hipnotizado bajo su efecto oscurantista. De luces y sombras está formado el universo interior del ser humano, también lo está todo aquello que le envuelve a lo largo de sus años trascendentales. Y, pese a lo que digan los profetas de lo adverso, los hombres honestos son los únicos que no le temen a la luz ni a la oscuridad, ya que confían en la verdad para caminar y superar los obstáculos de un mundo lánguido. Es cuestión de esencia el acabar en los brazos de las sombras o de la luminiscencia.
Para quienes ansían ver con claridad, hay luz suficiente, existe esperanza y caminos providenciales. Para los que asumen un arte contrario, la oscuridad es alimento inquebrantable, perseverante y poderoso. Yo suelo encender luces a medianoche con el fin de disipar confusiones y dudas, ardores de estómago propios y ajenos, y fingimientos dispuestos a recocerme la mente, el cuerpo y el espíritu que, día a día, intentan basar sus actos en la más común de las indulgencias. Y hablando de negruras, deberíamos ser conscientes, hoy más que nunca, que hasta la llama más pequeña es digna de ser vivida y visualizada; incluso el llanto más incongruente es escuchado por alguna oreja, hasta el pedrusco más duro puede llegar a ser engullido por las gotas penetrantes de la constancia. "Recordad que el hombre permanece en el rincón de la oscuridad por temor a que la luz de la verdad le deje ver cosas que derrumbarían sus conjeturas", certificaba J.J. Benítez. "En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu y dé vuelo desusado a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna", poetizaba Gustavo Adolfo Bécquer, al tiempo que lograba hacer indestructible, mediante su genialidad, algo tan sempiterno y simple como el rayo resplandeciente de la luna. La luz emociona, seduce, halaga asombrosamente hasta a los seres más turbios y fracasados. Porque si existen sombras es, evidentemente, porque hay una luz cercana que permite que éstas puedan hallarse.
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20 Enero 2012
Siempre fallecemos en lugares recónditos
donde el mar suena discontinuamente
y la doblez del alma solicita
verdades como puños.
Siempre en algún lugar habrá una esperanza
que le de la mano a la fatiga del mañana;
por siempre se ampliarán los horizontes
aunque los profetas de "lo negro"
clamen lo contrario.
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16 Enero 2012
Ser hombre radica en transformar una experiencia en conciencia. El hombre que pasa por la vida únicamente por el hecho de estar, dejando a un lado el acto de ser hombre, bien pudiera no haber nacido, ya que estar por estar, es siempre un fallecimiento prematuro. El hombre se eleva y se mantiene por la inteligencia, pero no es realmente hombre si no se deja llevar por los sentimientos salidos de su corazón. Abrimos puertas y observamos cómo los años pasan como dagas peleonas sobre nuestras cabezas de cánticos maltrechos y esperanzas inquebrantables, y no es tarea fácil para el hombre que anhela ser ecuánime apurar la penúltima copa existencial y no quitar ojo al montículo de necedades y falsos ofrecimientos que nos van prometiendo para -al parecer- salir de una crisis que ya hace tiempo ha dejado de ser económica, para convertirse en algo puramente moral, por falta de sensibilidad y de buenas maneras. Observamos cómo van cayendo los buenos hombres que jamás desearon amarguras al prójimo, al tiempo que recogemos del suelo los momentos que son inquietud de siglos, de humanidad carcomida por la falta de sueños y apego mutuo. Abrimos con sigilo las portezuelas de la existencia y no sabemos con exactitud si somos o dejamos de ser, si vamos o venimos, si la realidad es un sueño, o viceversa..., y aún así estamos presentes en un mundo que posiblemente no merezcamos por su perfección, por su inmensidad de milenios cumplidos, por su respeto a sí mismo.
Yo no sabría decir qué demonios es lo que ambiciona el ser humano para ser realmente humano, desconozco de dónde ha salido esta raza que tanto puede defecar sobre sus orgullosas cabezas como disfrutar de preciosísimas sinfonías compuestas gracias a la energía de lo misericordioso y la eficacia de los sentimientos más nobles. "Los hombres siempre son malos cuando no les obliga a ser buenos la necesidad", aseguraba Maquiavelo, afirmación que no ambiciono hacer mía, ya que rompería parte de mi credo y de mi certidumbre, aunque, debo reconocer que hay días en los que dicha afirmación se queda corta, ya que "ser o no ser" no importa tanto como "estar", cueste lo que cueste y caiga quien caiga, si bien para ello tengamos que vender a un hermano de sangre o a nuestra queridísima madre. En el momento en que el hombre acepte su fugacidad y sepa que pese a esta limitación su grandeza pervive, caerá en la cuenta de que la vida no es tal por el simple hecho de vivirla, sino por el hecho de haberla sabido vivir con fidelidad, comprensión y clemencia; ya que, como indicaba Ernesto Sábato: "La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse".
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11 Enero 2012
Lo gélido se estableció en mis entrañas
cuando supe que el fallecimiento no es neutral.
Es extraño habitar lugares opacos
cuando la luz es una inusual manera
de mantenerse a contratiempo.
Se esconde la entelequia
sobre los hombros del reloj vitalista.
...Y existen almas que transmiten
sequedad de boca y tumbas que escrutan
la inmensidad del más allá.
Nunca será lo que ya fue porque así es,
al tiempo que la distancia se convierte
en ecos de elegías fácilmente vigorosas.
Nunca podremos derrotar con nuestros alientos
los gozos que provoca el entusiasmo de una morada
digna de adulaciones y pan añejo.
servido por alexandervortice
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9 Enero 2012
Si algo nos ha ido inculcando esta sociedad de consumo voraz, llena de fatigas mercantilistas y anhelos abobados a causa del gas mostaza, es la idea de hacernos creer que la muerte no existe. En vez de fomentar libertades para el individuo, los gobernantes nos quieren vender una supuesta seguridad que haga que pensemos que jamás llegará el día en que nuestro cuerpo sea recomido por los gusanos y los afeamientos, y nuestro espíritu vaya a parar a las manos lustrosas de la infinitud y las reminiscencias de lo inimaginable. Morir no está de moda por mucho que los góticos se partan el pecho en reivindicar tal "evento". No nos permiten morir aunque vivamos en una sociedad que tiende a la inmolación y al desapego. La muerte vende poco o nada porque carece de glamur y buenas maneras, por tanto, mejor es adiestrarla a base de indiferencia y persuadir por todos los medios a la ciudadanía de que no es más que un cuento chino, un rumor basado en hechos casi reales y poco más. Me aclaraba el asunto mi cómplice de charlas, Nardo, al decirme: "La sociedad actual nos hace pensar que se mueren los otros, nosotros no"; y muy debilitada y equivocada debe estar una sociedad así, que detesta y aparta de nuestros actos y pensamientos algo tan natural e ineludible como el fallecimiento.
Cabe esperar que dentro de poco nos encontremos en los hospitales y en los tanatorios con carteles en letras rojas que recen: "Prohibido morir: Usted tiene mejores cosas que hacer". Evidentemente. Mejor es pensar en cómo diablos vamos a pagar la hipoteca a 50 años, cómo llegar a fin de mes sin vociferar angustias y verter lágrimas, cómo mantenernos cuerdos al ser conocedores de que el colesterol nos obstruye calladamente las arterias, al tiempo que la ansiedad nos desgaja las pupilas y nos provoca taquicardias que van y vienen, y las 16 horas de curro diario hacen que padezcamos un dolor de espalda digno de ser encerrado en la legendaria Caja de Pandora.
No nos permiten morir porque no hay tiempo para ello, porque hay muchas deudas que pagar. Nuestro mejor cometido es el de ser productivos sin rechistar, sin criticar las condiciones, llegar a casa acongojados, ponernos durante una hora delante de la caja tonta para apreciar los nuevos problemillas de La Esteban, y enseguida acostarnos al lado de nuestra impávida pareja. Posiblemente seamos, hoy más que nunca, burros de carga que se creen libres y cumplidamente saludables, cuando no somos más que abatidos mortales ávidos de descanso eterno.
servido por alexandervortice
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8 Enero 2012
Aprieta la lentitud del abismo el colmillo regentado
por los diablos. Siento ojo por ojo en un mismo signo
ahora que el ocaso vocifera vulgaridades.
Mi veraz testimonio se convierte en muerte
después de un recuerdo cotidiano. No delimité
el sonido de las campanas y ahora sufro el anonimato.
Sólo fue..., y siempre es comprensible adivinar
el fin de los tiempos cuando la ira se acerca a la Tierra
y nuestros nombres ya no vale nada.
servido por alexandervortice
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6 Enero 2012
Desfallecer
ante los portones de lo irrefutable
y tolerar una vida -todavía- por vivir
hace que la bruma tiemble
en la palma de los luctuosos ojos.
Desfallecer
como desfallece el calor
frente al iris de un mundo en paz...
Y saber que no hay entendimiento que valga
para que la existencia sea de otra manera.
servido por alexandervortice
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