Categoría: Artículos
7 Mayo 2012
Idiota: Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás. Y pese a esta clara explicación, he de decir que siempre me he tomado en serio a los idiotas por dos motivos: nunca nadie los toma en serio, y eso resulta algo discriminatorio, y también porque tengo la sensación de que cualquier día dejarán de serlo y nos pillarán muy desprevenidos, arrojándonos piedras a la cabeza por habernos reído de ellos durante años. Por otro lado, supongo que idiotas –por mucho que nos duela- de alguna manera lo somos todos, y a su vez nadie es idiota, depende del rigor con que nos evalúen los ojos ejemplarizantes que nos rodean. También deberíamos pensar que saber quién es realmente idiota no es tarea fácil: “Cuando dirijo hago de padre; cuando escribo hago de hombre; cuando actúo hago de idiota”, aclaraba Jerry Lewis, que de idiota tenía poco o nada, pese a que muchos lo pensaran. Incluso Tomás de Aquino asegura que “los tontos son legión” (sentencia confirmada por la autoridad de Dios); si sensato es el hombre reflexivo, en lo que se refiere a las acciones más o menos profundas de la vida, a los idiotas les falta el sentido común para estas acciones, aunque eso no quiere decir que sean realmente idiotas, es más, la acción de parecer idiota puede ser la artimaña de una persona muy inteligente que, al hacer esto, intenta sobrevivir a los energúmenos que le rodean, tal vez porque considera que ellos sí son verdaderos idiotas y así no le “reconocerán”, o porque desde la altanería de la suma inteligencia, considera que no merece la pena mostrar o malgastar su potencial con “seres menores”.
Otro factor a tener en cuenta es que la caracterización de su idiotez reside en la falta de sensibilidad y empatía con los que les rodean. Ellos, por naturaleza, suelen mostrarse como seres egocéntricos y huraños, usando técnicas simples para alcanzar sus propósitos con bastante éxito, dicho sea de paso. Asimismo, podríamos concretar 5 características básicas para reconocer la verdadera idiotez: 1. Los idiotas tienen muchas amistades. El mayor número de amigos marca el grado máximo en el dinamómetro de la simpleza. 2. Los idiotas sólo gustan de admirar una cosa cuando lleva una etiqueta. 3. Si el suicidio fuese una moda ya nos hubiéramos librado de muchos idiotas. 4. Existe una manera eficaz de conocer a un genio: todos los idiotas intentan cerrarle el camino. 5. La diferencia entre genialidad e idiotez es que la genialidad tiene límites. No obstante, pese a estas concreciones, yo me quedo con la frase de Sigmund Freud: “Sólo existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo”. Así pues, dichosos aquellos que dormitan en los mares de la deficiencia.

!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->
servido por alexandervortice
sin comentarios
compártelo
17 Abril 2012
Poseer un “tic tac” en el corazón no es tarea fácil cuando los necesarios recortes ya han afectado a la tela de tus calzones. Los Mercados –legítimos regentes de los Gobiernos democráticos- señalan que todo recorte es poco, al tiempo que la desazón ciudadana se enfurece, así como lo hace el ensangrentado toro un microsegundo antes de lanzar por los aires al banderillero. “En este mundo, ninguna cosa es cierta salvo la muerte y los impuestos”, aseguraba Benjamin Franklin. He de suponer que vincular la muerte con los impuestos no es algo tan descabellado, sobre todo en estos tiempos de pan para todos y salchichón sólo para unos cuantos privilegiados (gentes trajeadas, con cabello negro engominado y tarjeta Visa Platino con la que abrillantan su destino). Igualmente sobre este tema habla Juan Pina al indicar que “el llamado "Estado del bienestar" se ha convertido, en realidad, en el "bienestar del Estado". El Estado despilfarra millones en todo tipo de actividades que no le son propias, y contrata en nuestro nombre a millones de empleados que no nos hacen falta. Para ello nos exige pagarle en forma de impuestos un porcentaje enorme de la riqueza que producimos mediante nuestro trabajo o negocios”. Por consiguiente, si esto fuera cierto, el “tic tac” de nuestros alelados corazones pudiera acelerarse, es decir, perturbarse en demasía al saberse engañado por un Estado que no da tanto como nos hace creer. Así es que, sobre el asunto de los impuestos y el bienestar virtual, el filósofo británico William Taylor aclara: “Los impuestos no solamente nos empobrecen (quitándonos una parte sustancial del producto de nuestro esfuerzo). También nos hacen menos libres, ya que son el mecanismo que el Estado emplea para hacernos consumir esto y no aquello o comportarnos económicamente de una u otra manera. Gravando y desgravando a su antojo, el Estado nos induce a actuar como él cree conveniente. Así, los impuestos nos convierten en marionetas del ministro de Hacienda”.

Entonces, ¿pudiera ser que no importen tanto las ideologías que nos gobiernen, sino el color y el peso del dinero que vamos subministrando primeramente al Estado y, acto siguiente, a los fantasmagóricos Mercados? ¿Es posible que la crisis económica no sea más que una especie de “purga” en la que se estén “equilibrando” las jerarquías sociales? Yo no lo sé. Lo cierto es que sobre este tema existen muchas preguntas y muy pocas respuestas veraces, muchas personas agobiadas por un trance difícil de entender y muy dificultoso a la hora de exponerlo ante la opinión pública. Pero eso no significa que algunos todavía nos preguntemos en qué momento fueron exterminados los ideales por la decisiva autoridad de los Mercados.
!--[if>!--[if>!--[if>!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->![endif]-->![endif]-->![endif]-->
servido por alexandervortice
sin comentarios
compártelo
12 Abril 2012
Es ahora cuando se muestra el ensueño: retorna como si se tratase de un acontecimiento post mortem o de una alucinación que realiza contorsiones a lo largo y ancho de esta habitación adiestrada por las manos caídas de la soledad y el enfriamiento de los cuerpos que décadas atrás la anidaron con sumo reparo. Minutos antes de acostarme reconozco haber sentido el hálito gélido del pesimismo y la desazón de saberme lacrimosamente mortal.
Luego, habiendo decidido dejarme arrastrar por los brazos escépticos de Morfeo, he recorrido luces de otoño cáustico y valles repletos de consuelos; incluso he recapacitado sobre el pasado y el futuro que es presente continuo, llegando a la conclusión de que tras todo lo gris y/o negro reside una luz furtiva que nos otorga fuerzas para continuar caminando, sonriendo o guiñándole el ojo izquierdo a la diosa Fortuna, al amante que está por llegar para darle sentido al aislamiento actual o al cayado que sostendrá mi envejecido cuerpo.
Retorna a mí el ensueño dejando a un lado las negaciones que únicamente me provocaron dolores de cabeza y latigazos en el costado…
Ha aparecido de la nada y ha conseguido que mi espíritu logre descansar en paz, más allá de todo lo establecido, lejos de las reglas profanas de los hombres que solamente ambicionan ser guiados por su roñoso egocentrismo.

servido por alexandervortice
sin comentarios
compártelo
11 Abril 2012
Sucede que poco antes de toda gran revolución los egos se van transformando en nubarrones individuales que, calladamente, se instalan en la conciencia colectiva. Así pues, no es malo considerarse derrotado hasta el punto de llegar a sentir como la bilis te sale por los orificios de las orejas. Tampoco es malo profesar una sensación prematura de la muerte, no es malo concretar una fecha que nunca llegará, e idealizar nombres y pronombres dentro y fuera de nuestro “yo” interior. Abstraerse no está de más cuando el mundo se va volviendo loco de remate y las panderetas suenan más fuerte de lo debido a causa de la falta de valores. Igualmente es bueno abstraerse y escribir mientras la sangre de la hipocresía recorre las avenidas de esta ciudad bautizada por los “se alquila” y los “se vende” por motivos de crisis engaña bobos: “Es ahora cuando se muestra el ensueño: retorna como si se tratase de un acontecimiento post mortem o de una alucinación que realiza contorsiones a lo largo y ancho de esta habitación adiestrada por las manos caídas de la soledad y el enfriamiento de los cuerpos que décadas atrás la anidaron con sumo reparo. Minutos antes de acostarme reconozco haber sentido el hálito gélido del pesimismo y la desazón de saberme lacrimosamente mortal.
Luego, habiendo decidido dejarme arrastrar por los brazos escépticos de Morfeo, he recorrido luces de otoño cáustico y valles repletos de consuelos; incluso he recapacitado sobre el pasado y el futuro que es presente continuo, llegando a la conclusión de que tras todo lo gris y/o negro reside una luz furtiva que nos otorga fuerzas para continuar caminando, sonriendo o guiñándole el ojo izquierdo a la diosa Fortuna, al amante que está por llegar para darle sentido al aislamiento actual o al cayado que sostendrá mi envejecido cuerpo. Retorna a mí el ensueño dejando a un lado las negaciones que únicamente me provocaron dolores de cabeza y latigazos en el costado… Ha aparecido de la nada y ha conseguido que mi espíritu logre descansar en paz, más allá de todo lo establecido, lejos de las reglas profanas de los hombres que solamente ambicionan ser guiados por su roñoso egocentrismo”. Y después de escribir esto, poseído por el espíritu de la abstracción, clavo la mirada en el futuro que es presente continuo y averiguo que ya nada es tan importante como nos aseguraron en la niñez, ya que sólo aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar –e incluso a garabatear- el pasado.

!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->
servido por alexandervortice
sin comentarios
compártelo
28 Febrero 2012
Si algo va creciendo de manera sudorosa a medida que el apuro económico se adentra en los corazones de la amplia mayoría de individuos, es la falta de honradez. Ser honrado tal y como anda el mundo, equivale a ser un hombre escogido de entre cien mil, y no sólo hay falta de algo tan básico en los movimientos del día a día, sino también en lo más alto: Caso Urdangarin, Gürtell, Campeón, Palma Arena..., y un etcétera tan largo y patético que da pena y aversión el ser consciente de los tejemanejes de los poderosos, de esas personas que -supuestamente- tienen el deber de dar ejemplo de rectitud, disciplina y honradez. ¿Qué tendrían que pensar las nuevas generaciones al observar todos y cada uno de los casos de corrupción que salpican la piel de toro, piel corroída de un país aparentemente equitativo, justo y, ante todo, democrático? ¿Cómo se pueden tomar este tipo de iniquidades personas humildes que no poseen cartera para llegar a fin de mes, personas mangoneadas por el poder de los bancos, esas mismas entidades a las que se les inyecta millones de euros para que no se pongan chulos, porque si lo hacen, la cosa -al parecer- aún estaría más desgastada? ¿Cómo se le puede explicar a una persona que decide ser honesto, eficaz y sincero que estas cualidades no son válidas para alcanzar un puesto de trabajo, ya que el patrón busca lo contrario, ya que la hipocresía llama a la hipocresía, y se retroalimentan?
Aún así, "toda persona honrada prefiere perder el honor antes que la conciencia" (Montaigne), aunque la conciencia social, hoy más que nunca, esté de capa caída, con los calzones por los tobillos y la mirada perdida a causa de la absenta que nos hace beber la inmoralidad. Yo no sé dónde anida la honradez que se perdió, la que aún se está perdiendo; lo que sí sé es que debe volver cuando antes para darle sentido al sin sentido que estamos sobrellevando; así como sé que sería bueno que los dirigentes políticos pusieran en nómina para sacar al país de la crisis a poetas y filósofos, ese tipo de personas que residen en la cuna del olvido, pero que serían muy eficaces a la hora de darle prestigio a las diversas Instituciones que "dirigen" esta nación de molletes corroídos por la gula de los buitres. Porque puede que ahora no nos importe tener que dar explicaciones a la hora de malversar, estafar o ningunear a nuestro vecino, mas, tal y como aclaraba el gran poeta Pablo Neruda: "Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y esa, sólo esa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas". Y si creemos que la dicha hora va a ser amarga, no estaría de más ir haciendo acto de conciencia.
servido por alexandervortice
sin comentarios
compártelo
14 Febrero 2012
Algo está fallando y punza: cada día se cree menos en Dios y, con todo, va en aumento el número de personas que creen a ciegas en supercherías. Sólo tenemos que prestar atención a los programas nocturnos en innumerables cadenas de televisión donde aparecen "seres iluminados" salidos de las manos candentes de deidades hechas a imagen y semejanza de las tarjetas de crédito (o débito). Estos tipos -y tipas- aprovechando la desmoralización que causa la crisis no se cortan un pelo a la hora de hablar de sus súper poderes, con los cuales ayudarán a aquella persona que llame y ruegue, con la mayor fe posible, un trabajo para el pobre chaval que lleva 3 años en paro o para que la pareja que nos dejó regrese a nuestros brazos. Todo esto, hay que indicarlo, aderezado con rogativas a la diosa Fucsia, regente del tercer triángulo de Tauro, la cual es amiga de que se le hagan sacrificios en forma de llamadas cuyo coste oscile entre 1,50 y 1,80 euros el minuto. Algunos de estos grandes sabedores del mamporro que está por venir, todavía poseen el decoro de echarte las cartas, chupar huesos de simio, fumigar tu aura con fragancias o visionar una bola de cristal. Los que me sorprenden son aquellos que gracias a un wifi ultra sensorial, y poniendo cara de constipado, conectan con tu tía abuela de Cuenca, la cual murió de asombro hace nada menos que 20 años, y gracias a la sabiduría post mortem de la susodicha, te contestan a preguntas incontestables. Y esto me indigna, oiga. ¿Dónde han quedado aquellos videntes que te birlaban los ahorros al igual que estos pero que, al menos, le echaban un poco el rollo al asunto barajando cartas, lanzando runas en una urna o agarrando un péndulo para girarlo y girarlo encima de un papel donde previamente han escrito tu nombre, apellidos, signo del zodíaco y color preferido?
Tan alicaído está nuestro ánimo que estamos dispuestos a llamar a un fulano con túnica negra para preguntarle cómo ve la situación, a lo que él contestará sin titubear: "Todo va a salir bien, cariño mío, amor, querubín, que yo poseo el poder de Ali Baba y si te digo que encuentras empleo en menos de 19 días, no tienes por qué dudar, amor, delicia, caramelo..." Estamos que se nos arruga la próstata a causa de tantas hijoputeces. Pero, pese a la risotada del tema, no estaría de más que el Estamento pertinente tomase cartas en el asunto, ya que después de 19 días, auguro que estas personas que se ven indefensas ante un mundo corrupto y sin respeto, lo único que van a recibir es una factura de teléfono angustiosa, puesto que, tal y como aseveraba Baruch Spinoza: "La causa que hace surgir, que conserva y que fomenta la superstición es, pues, el miedo"; y de miedos nos hallamos cercados.
servido por alexandervortice
sin comentarios
compártelo
9 Febrero 2012
En lugares remotos, más allá de lo conocido y de las palabras que no dicen nada, se encuentra un terreno apto para dejar a un lado el aprieto monetario y/o moral, los congresos de socialistas malhumorados y las repetitivas informaciones de que el mundo está a un paso de volar por los aires. Acercándonos a la verdadera realidad nos encontramos con la libertad de lo que no está bien visto por la inmensa mayoría, que son minoría a la hora de trabajar por un mundo mejor. Lejos del bucle insatisfecho donde residimos sale a la luz el proverbio de los indios Cree: "Cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado, el último pez pescado, sólo entonces el hombre descubrirá que el dinero no se come". Lejos, tan lejos como lo deseemos, habitan las reglas de un mundo mejor, hecho a imagen y semejanza de la paz que tanto ansiamos, de la justicia que anhela ser vista y oída por los más débiles, por los ajusticiados injustamente a causa de las soberbias de unos pocos privilegiados a los que no les importa ver a desfavorecidos viviendo entre contenedores. Más allá de lo establecido conversan apaciblemente hombres y mujeres con pensamientos dispares, con credos distintos, pero con algo común llamado respeto.
Aparte de lo señalado por las manos infames, Samuel Johnson nos dice que "es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción", y Dominique Pire asevera que "existe una tentación extremadamente sutil y peligrosa de confundir la paz con la simple ausencia de guerra, como estar tentados de confundir la salud con la ausencia de enfermedad, o la libertad con el no estar preso. La terminología es a veces engañosa. Por ejemplo, la expresión "coexistencia pacífica" significa ausencia de guerra y no verdadera paz"; y ambos personajes están en lo cierto, ya que el ser humano sin paz ni esperanza se transforma, ineludiblemente, en una muesca egocéntrica y desaconsejada, ya que se engaña a sí mismo y a los que le acompañan en el trayecto existencial. Así pues, creo que queda claro que no siempre lo usual es lo mejor, no siempre lo correcto es más favorable, no siempre la verdad que se nos presenta es veraz; y al asumir esto deberíamos tener en cuenta que "la falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde".
servido por alexandervortice
sin comentarios
compártelo
31 Enero 2012
Por ventura me levanto atolondrado, así como aturde el amor de una suegra marimandona, o las amistades atronadoras de cantina. Me contemplo malamente frente al espejo buscando el pensamiento apropiado que me lleve a hacia un penetrante trocito de coherencia. Al no hallarlo, decido salir a la calle con mi compañera, la soledad ("suelen decir que el hombre que apetece soledad tiene mucho de dios o de bestia", indicaba Mateo Alemán). Varios exaltados corren calle abajo en busca y captura del penúltimo chupinazo de alcohol en vena. Decido, pues, al ver como el ser humano se convierte en una especie de aquelarre organizado por cadáveres y rogativas acabadas, caminar boca abajo con el fin de no resaltar. Ahora sí que me siento plenamente aceptado por mi entorno, por las momias embobadas que me cercan. De esa guisa entro en un local iluminado por las luces de la apariencia. Al fondo un grupillo de seres deslucidos me saludan eufóricos. Me invitan a unas copas y me ruegan que me pase por allí cuando quiera. No les preocupa que yo sea un tipo que pasa por la vida caminando boca abajo, un individuo al que no le llega la sangre a la cabeza, pero sí la bilis a las rodillas. Decido salir de aquel antro al cabo de un rato entre gritos de "ole tus huevos, tu talante y tal". Me cuesta caminar. Por momentos incluso considero la opción de tirarme cara adelante aunque el golpe sea excesivamente doloroso. Aún así aguanto. Tengo que intentar ser como los demás, esos a los que hace un rato, frente al espejo, los bautizaba como "ganado". Así que continúo transitando boca abajo, con cualidades de tipo duro que no da su brazo a torcer. Giro la esquina y el mareo va en aumento. Creo que voy a vomitar obscenidades. Pienso cómo diablos hará el resto de los mortales para avanzar todos los días de esta manera... Ni idea. Tal vez se apoyen en los demás y punto. Freno en seco y casi me caigo. Las gotas de sudor se me están metiendo en los ojos y reconozco que más pronto que tarde me la voy a pegar. Entonces rememoro las palabras de Gandhi: "Mucha gente, especialmente la ignorante, desea castigarte por decir la verdad, por ser correcto, por ser tú. Nunca te disculpes por ser correcto, o por estar años por delante de tu tiempo. Si estás en lo cierto y lo sabes, que hable tu razón. Incluso si eres una minoría de uno solo, la verdad sigue siendo la verdad". Así es que me incorporo. La sangre vuelve a mi cabeza poco a poco. Saco un cigarro del bolsillo y lo enciendo al tiempo que la gente pasa sin prestar atención a mi erguimiento. A la sazón el humo del cigarro se pierde ante la indiferencia de mis semejantes. Y me siento bien conmigo mismo, ya que está bien tomarse la vida en serio, pero mucho mejor es no hacerlo.
servido por alexandervortice
sin comentarios
compártelo