La Coctelera

Obra Literaria de Alexander Vórtice

Poemas, Relatos, Pensamientos y Artículos (Blog con Derecho de Admisión)

Categoría: Artículos

4 Diciembre 2009

Hombres Buenos

 Hoy llueve un tipo de aguacero que hace que los hombres no se arriesguen, que la realidad sea un circuito de chapuzones ácidos sobre nuestras cabezas de barullo contante y sonante, de incertidumbre perdurable. Vivimos tiempos en los que ya no quedan héroes, ni compasión extrema, ni diálogos coherentes… Los ojos de la gente son carmesíes, vampíricos; hechos a imagen y semejanza del No-Ser, de la navajada trapera y el beso de Judas que nos espera día a día en el INEM. La principal razón de la crisis presente: el no sabernos insalubres e inhumanos (cada vez más y más inhumanos y más infaustos). Las cafeterías se colman de maldiciones, de bolsos usados por el tic-tac de un reloj siempre fatuo, de políticos que miran por su bienestar, de hombres y mujeres que en vez de luchar se quedan mirando cómo el mundo se va yendo al traste. Hoy la lluvia ha calado a más de una cabeza simple: mentes que mañana estarán bajo el filo de la guadaña, riendo como oportunos idiotas en el velorio de la coexistencia benevolente que no “pudo ser” porque no hicimos lo necesario para que así fuera. Lo digo y ya no me lastima tanto como me lastimaba ayer: Ya no quedan hombres buenos, ahora sólo nos rodean los cobardes, los pávidos, los hipócritas, los lameculos que se nos presentan como grandes y positivos consejeros de una sociedad que necesita menos consejos y más equidad. Sin duda, señoras y señores, tenemos lo que nos merecemos; desalmada deliberación pero, por desgracia, muy acertada. Los héroes se tomaron un descanso, la ética y la integridad se plantean reconciliarse con el nihilismo, la amistad es una palabra demasiado magna como para ser interpretada… Y pese a todo gira; sorprendentemente el planeta gira y se ríe al percibirnos como raza de víboras. Los generosos perecieron ayer, de madrugada; no podían soportar cómo ZPayasada continuaba labrando talante que quiebra refinamientos y carteras, y cómo Rajoy continúa esperando a que la basura caiga por su propio peso. Los hombres buenos van cayendo, los que aún no lo han hecho, se cobijan en el anhelo de poder llegar a ver una revuelta social o verbal que acabe con las ilegalidades, la corrupción y la contradicción de llamarnos seres humanos, cuando no somos más que pantomimas que apaciguan sus conciencias a base de mirar hacia otro lado, desconfiando de todo, de todos, de nosotros mismos, del presente, del pasado y del futuro con inevitables tonalidades de gravísima esquizofrenia. Llueve y el estremecimiento de saberme poco amaestrado como para incorporarme a esta sociedad me masculla al oído un poquito de entusiasmo y orgullo.

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23 Noviembre 2009

No somos nadie

Odio desde siempre el hecho de tener que asistir a funerales y entierros; suelo estar allí cuando no hay más remedio. Si un buen amigo fenece, me siento en el sofá de mi casa y rememoro con aire agridulce la última vez que estuvimos juntos él y yo, con dolor, asimilo el hecho de que no va a estar más por estas tierras quemadas con sabor a sal, limón y tequila abaratado. No me hace falta estar frente al ataúd con semblante desmembrado, tos de difunto y lloro que no me suele salir, porque llorar por dentro es mucho peor, porque ya vengo llorado de casa. Repito, odio los funerales, hasta el punto de que no estoy muy seguro de que asista al mío; me encanta pasear con la parienta diciéndole que todo va a ir a mejor, tomarme la cerveza homérica de los sábados con Nardo, Carlos y Nacho, porque son gente que aún respetan y eso vale mucho. Me gusta el susto del amanecer, y ver como mi gato (Sir Poe) se obceca en intentar una y otra vez en agarrar las moscas de la cocina (casi nunca lo consigue, pero el animal no desiste). Me encanta el sudor de un beso a última hora de la noche, el saber que mi carácter asilvestrado es apetecible para algunos... Acepto una boda, un bautizo, un rezo prolongado para que la humanidad vaya por mejor camino, pero los funerales no, porque los funerales son actos impropios de mi persona. Soy consciente de que existen personas "partidarias" a presentarse a todo tipo de eventos de este tipo: no importa que conociesen al difunto o difunta únicamente de vista: se instalan frente al féretro abierto, muy cerca del muerto, y lloran... No sé muy bien el por qué de este episodio, pero lloriquean como si el sujeto hubiera sido un hermano del alma mía, la piedra angular de sus vidas. Más tarde, buscan a los familiares más próximos, los abrazan y los consuelan -es lo bueno de saber que el familiar en cuestión está lacerado, lloriqueado y derrotado: que nunca te va a reconocer-. La muerte... Citaba Secundo sobre el tema: "La muerte es un sueño eterno, un espanto de ricos, un apartamiento de amigos, un deseo de pobres, un caso inevitable, una peregrinación incierta, un ladrón del hombre, un fin de los que viven y un principio de los que mueren". Y yo sí que creo que tendrá que haber un principio después de la funesta ida al otro barrio, inevitablemente, con o sin risas. Pero, hace unos meses, acudí a un velatorio con lluvia, noche cerrada y vestimenta negra para la ocasión; entré en la sala atolondrado y desencantado, seguidamente di mi pésame de rigor y me mantuve recto como una ternera bien nutrida frente al degolladero. Enseguida se me acercó uno de esos sujetos anteriormente mencionados, "cuervos de pasar el rato", por llamarles de alguna manera. Yo ni le miré, mi cabeza andaba a lo suyo. Él sí me miró a mí, muy detenidamente, como si yo fuese un adorno macabro puesto allí por el mismísimo Tim Burton; luego colocó su brazo sobre mi hombro, mansamente, como sólo saben hacerlo los profesionales de lo funesto, y me susurró con tono de muy mal agüero: "No somos nadie". Entonces sí que no pude más: quité violentamente su brazo de mi hombro, le miré a los ojos como quien mira al juez en su alegato final y le sentencié: "¡No será nadie usted y su puta madre!".

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16 Noviembre 2009

Pequeño

Va naciendo el sol, lentamente, y sé que quiero ser pequeño. La noche anterior, entre cigarros-muerte y versos de otro tiempo, tuve la idea de dejar la adultez a un lado y estrecharle la mano a lo fundamental, a lo evidente que no es tal, a eso que vivimos hace tiempo y que ya hemos olvidado. Ahora anhelo ser pequeño; un niño sin aspiraciones de adultos ineptos, estúpidos, maduros... Anhelo bailar en un parque con colombios, al tiempo que escucho una canción de cuna, y mis padres me aseguran que el futuro es algo bellísimo construido por las manos precisas de esos duendecillos que fabrican huevos Kinder, chuches de colores imperecederos y películas Disney con final feliz. Van llegando los rayos del sol que rozan mi rostro asegurándome que más allá de todo lo establecido reside lo fundamental, lo heroico, lo que vale la pena sufrir y vivir ya que es Vida. Un tic-tac resuena en mi cabeza atormentada por las injusticias humanas, y babeo esperanza aliñada con una manera bastante noble de escucharlo todo de otra manera mucho más inocente: Neruda me dice reposadamente: "En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre el niño que vivía en él y que le hará mucha falta". Pequeño... Lucho por ser un chiquillo para que la neurastenia vaya a menos, y pueda, al fin, darle un sentido al propio sentido de estar vivo entre tanta mediocridad, entre tantos esqueletos muertos de majadera avidez y prosaica sabiduría que no nos lleva a ninguna parte, a no ser al homicidio de intentar ser felices y no conseguirlo a causa de una educación en la que nos dijeron: "Coge lo que puedas y corre, arrastra al que está a tu lado y llega a lo más alto, cueste lo que cueste". Ya lo decía el magnánimo y escandaloso Oscar Wilde: "En esta vida la primera obligación es ser totalmente artificial. La segunda todavía nadie la ha encontrado". Eso es lo que rige a las sociedades, a la persona: lo artificial, lo falso, lo que no es. Dejamos de ser para convertirnos en seres que no son: Adultos con derecho a nada, grandes hombres que son pequeños y no lo saben, o quieren borrar de la memoria que lo son. Por eso yo deseo volver a la pequeñez: ser igual y diferente, ponerme a la altura de un recién nacido al que todo le parece maravilloso, increíble, lleno de luz y cordura. Ser pequeño, felizmente pequeño, y no morir en el intento.

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2 Noviembre 2009

Somos Buena Gente

 Desde que cumplí los 18 años ya no soy persona, quiero decir, los años han pasado tan deprisa que la memoria me ha pedido una pistola para auto compadecerse, y las piernas se me cansan a destiempo, y la madurez va y viene, como si fuese una especie de faisán en un festín de payasos sin gracia. También creo que más de un político se debe sentir como yo: viejo sin serlo, cobarde de lapsos y un tanto acojonado, aunque él a causa del desfalco que realiza a diario. Ya no importa si eres de izquierdas, derechas, centro o medio centro con derecho a gol; ahora todo hijo de madre sin apellido agarra lo que puede y punto, aunque luego salgas en la portada del Diario. Pero los españoles somos buenos, buena gente, con paciencia, con buen gusto y boina azabache del Corte Inglés. En esta España multicultural y pródigamente racional, todos sabemos, todos opinamos, todos nos cagamos en las madres sin apellido, pero hacer, lo que es hacer, no hacemos nada de nada (mexan por nós e dicimos que chove); y quien se queje de la clase política que no se olvide también de la sindical, y la patronal, y muchas otras que reparando en el apuro de la recesión abren sus manos y recogen el maná del cielo, maná  robado y bien robado a los pobres trabajadores de este país de piadosas tradiciones e inmejorable gastronomía. En 1789, por ejemplo, en Francia se armó la marimorena por cosas como ésta, ya sabe usted: abuso de poder y confianza, promesas varias sin cumplir, listillos transportando bolsas de basura con billetes de 500 euros, "Caso Gürtell", Gresca de poder en Caja Madrid, los nervios de Rajoy al ver cómo le crecen los enanos; "Caso Palau", "Caso Pretoria", con ocho detenidos, entre ellos un alcalde del PSC muy llorón y muy arrepentido. Pero no, los franceses ante este tipo de situaciones se comportan como neurasténicos, no razonan ante las escusas y el talante, porque quizás no sean tan buenas personas como nosotros, personas con aguante y saber estar. Ellos enseguida sacan una guillotina y dos docenas carabinas por las calles, y blasfemando abordan a los que cortan el bacalao, y hacen una Revolución, así, como si tal cosa, como si las subvencionase el Estado o Caritas Inter parroquial, o la Cruz Roja, o qué sé yo. No, amigos lectores, la actitud ibérica es la actitud a seguir: Qué pasen los días, los meses y los años; que salga el Sr. ZP el próximo año 2010 y diga: "En el tercer trimestre del 2011 conseguiremos el pleno empleo, ayudas para las Pymes, para el autónomo con cinco hijos y un cheque descuento para el McMenú del nene, he dicho (con talante, por supuesto)". Y todos, o casi todos, creyendo su palabra, la de él y la de los otros, la de los que sean. Porque somos gente de bien, gente que sabe agarrarse los machos aunque sea a golpes de morosidad; somos estoicos españoles de primera división con derecho a Champions League, a G-20 con Obama y esposa, somos  hombres y mujeres que comienzan a creer en la reencarnación y en los ansiolíticos made in Taiwan que venden por Internet, ya que ayudan lo indecible la hora de pagar la hipoteca.

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26 Octubre 2009

Leyes Absurdas

Que a los políticos los carga el diablo ya todos los sabemos; que estos individuos promulgan leyes increíbles es un hecho. Por ejemplo, en Reino Unido, está prohibido morirse en el Parlamento, tal vez porque queda mal ver a un muerto rodeado de varios "difuntos". También en dicho país, el hecho de pedirle a una mujer desconocida sexo, a lo pub con birras frescas y noche de desfogue, es delito, llamado "molestia nacional", el castigo: desde 130 euros hasta 3 meses de cárcel. En varios estados de USA es dificilísimo conseguir un preservativo: En Wisconsin se venden como mercancía tránsfuga y en Indiana sólo los hombres pueden adquirirlos, las mujeres no, tal vez porque son ellos las que mejor los ponen. En China usted puede mirar muy plácidamente a una mujer desnuda, pero si se dedica a mirar insistentemente sus pies desnudos, se expone a varios días de cárcel. Para más INRI, en Estonia está prohibido jugar al ajedrez mientras se realiza el acto sexual (jaque mate y enroque), sólo Dios sabe quién ha hecho las dos cosas a la vez. En Budapest usted sólo puede hacer el amor con la luz apagada, sino recibirá una multa. En Palermo las mujeres pueden desnudarse completamente si les viene en gana, el hombre no. El artículo legal dice: "La anatomía masculina puede ser obscena, incluso sin quererlo". Pero, impresionados lectores, existen leyes inclusive más sorprendentes: Si aparece una ballena muerta en las costas británicas, la cabeza se la queda el rey, si es que lo desea . En Bahréin, un médico puede examinar los genitales de una mujer, pero no directamente, sólo puede ver su reflejo en un espejo. En Vermont las mujeres necesitan un permiso firmado de sus maridos para usar dentadura postiza. En la ciudad inglesa de York es legal (aún a día de hoy) asesinar a un escocés dentro de las antiguas murallas, pero sólo si lleva arco y flechas. En Florida las mujeres solteras que salten en paracaídas los domingos pueden ser encarceladas. En Indonesia, la masturbación está penada con la decapitación; en Ohio es ilegal tener un pez borracho. En Alabama es ilegal vendar los ojos de una persona mientras conduce. En Francia es ilegal poner de nombre a un cerdo Napoleón, no vaya a ser que se lamente el interfecto. En Miami es ilegal pasearse por la comisaría de policía en monopatín (patines sí, monopatín no). Y en España, dentro de nada, nos subirán los impuestos a todo hijo de vecino gracias a unos Presupuestos apoyados por Coalición Canaria y PNV, aunque estos dos partidos políticos hayan aclarado que no están del todo de acuerdo con ellos. Lo que les decía al inicio: A los políticos los carga el diablo y las consecuencias las pagan los más desfavorecidos.

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19 Octubre 2009

Cuando muere el amigo

 Nada hay más importante en la vida de un hombre como la amistad, la verdadera, la de quita y pon no me vale; nada tan importante como poder sonreír al lado de una persona que conoce todos tus defectos, y pese a todo, te quiere y aprecia. Escribo estas letras tiznado de dolor, de vacío aquí adentro: donde habita lo necesario, lo ciertamente trascendente. A lo largo de los años he aprendido que a los enemigos se les respeta e, incluso, se les elige: Yo los suelo elegir con sonrisa petulante, camisa de mangas largas y ojos de cuencas ennegrecidas. Estos son mis favoritos. Los otros enemigos que también me rodean, tal vez los más tocapelotas, son aquellos que en inicio fueron amigos: A estos les tengo un odio especial, y me gusta mirarles por la calle, si es que me los encuentro, directamente a los ojos, a ver quién de los dos resiste mejor el empalme de miramientos endemoniadas. Pero los enemigos no son para mí cosa sería, son diversión de existencia vital pasajera, lo peor que te pueden llegar a hacer es acuchillarte en cualquier esquina de la vida que no escogí yo, la que me vino dada por un ser superior, o por evolución de circunstancia pasmosa. Y lo repito: Nada hay más importante que un amigo, nada es tan importante en la vida, nada duele más que perderle por un tiempo, lastima el alma perderlo para siempre. Esto fue lo que me pasó el pasado martes 13; sucedió en ese fatal día de herraduras, amuletos y ajos en la puerta de muchas casas, cuando murió mi estimable Luis Carlos Boullosa. Pereció en Madrid, me aseguran que de manera repentina, como si tal cosa, tal y como se suele venir a este mundo de sal y corbatas mortificadas. Recuerdo perfectamente el arañazo de incomprensión que recorrió mi espina dorsal, y la semana anterior, en la que había hablado con él lealmente, como amigos, como dos personas decentes. Aún hoy soporto esa raspadura brutal y maloliente, y sé perfectamente que se vengará de mí en el momento menos esperado, tanto sea mañana, como dentro de un año, como dentro de un lustro o una década: Porque cuando muere un amigo también tú vas muriendo con él, ya no eres un ser completo, algo te falta, algo te abuchea en las tripas, y la vida la tomas más en serio, y te acuerdas que eres tan mortal como un ciempiés en una refinería. El martes pasado feneció Luís y yo sentí pena de mí mismo. Aún no soy consciente de la perdida, porque la conciencia suele filtrar los sentimientos más profundos, los más esenciales en la vida de un hombre con el tiempo. Lo único que puedo decir ahora: "Descansa en paz, acompañante Luis Carlos". Los que aquí nos quedamos no entendemos aún lo que tú ya has comenzado a concebir.

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13 Octubre 2009

Réquiem por un país

  Dicen que Pablo Neruda murió de tristeza al ver como su país, Chile, caía en manos de una dictadura. Y es que, a veces, la gente puede morir de desánimo, de angustia vital, de deslealtad... Ya no está de moda ser una persona honesta, con ideales y sonrisa de "me gusta la vida con honestidad". Ahora más que nunca los cuernos se pasean por las calles enlutadas cual viuda sin reflejos ni esperanza; ahora los corazones laten colesterol, son corazones que viven por vivir, prosaicamente, viven por decir que viven. Hay días que imagino que existe un cielo, y el cielo que vislumbro es azul y posee aliento de hadas. Un cielo con querubes que vociferan verdades E ilusión, nada que ver con lo terrenal, con la vanidad y el desparpajo de la estúpida competición del ser humano. Veo un cielo allende los montes de la hipocresía que nos cerca sin descanso, unos montes alimentados por nuestros pecados de hombres o mujeres que se creen el ombligo de todo lo establecido. Suelo escaparme a ese lugar cuando la marea negra me envuelve; y allí me olvido de cómo van las cosas -de mal en peor-. Retiro de mi mente a los gobernantes sin talante que nos gobiernan y la corrupción de los que nos quieren gobernar. Apago mis neuronas y observo como las personas de bien, íntegras, les va mejor en la vida: Ya no son los fantoches incompetentes los que ganan la partida con trampas de karma oscurecido. Yo no sé aún si moriré de tristeza como lo hizo el bueno de Neruda, puede que sí, si las cosas continúan tal y como están, si no llevamos la voz del pueblo más allá de la política fingidora que nos venden, que nos dice: "Te sacaremos del pozo, amigo ciudadano que te ves en graves apuros, y tal." En esta España nuestra, de todos y de algunos, la permisibilidad es algo por lo que ya se nos conoce en otros hemisferios. Aquí, país multicolor de vino rancio y pandero agrietado, hoy nos estrujan con mentiras, y pasado mañana ya hemos olvidado tal desfachatez, a no ser que el sujeto mentiroso salga en el reality de moda, noche VIP, acreditándonos que él no fue o no quiso ser, que las bolsas negras de basura con billetes llegaron a su casa de parte de alguien que no puede nombrar por miedo al desencanto del navajazo previsor. País de cabras que se deshacen desde lo algo de un campanario, país caníbal de sí mismo, horizonte sin horizonte, España de españolitos come mierda, de Cristiano Ronaldo y Messi como opio del pueblo y debate exaltado en una impúdica taberna. España, la nuestra, la del intelectual barato, bien merece un réquiem en forma de boñiga chirriadora, con artistas a lo Belén Esteban y el pollo que la parió. Un réquiem por dejarnos gobernar por politiquillos made in G-20, y sonreír ante sus mentiras diarias.

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5 Octubre 2009

Coraje de Increpar

Establezco que cuando muera me acordaré de tantos rostros a los que desearía patearles el hígado, que he comenzado a realizar una lista negra, no vaya a ser que se me olvide llegado el brete final, hacinado, gracias a mis queridos hijos y demás familia, en una residencia de mala muerte donde los analgésicos y las babas son el superviviencia de cada día. Si me preguntasen la cuestión de dónde te ves dentro de 20 años, supongo que de mis adentros saldría un jadeo obsceno. No sabría muy bien qué narices responder aunque, probablemente fuese porque me veo envuelto a día de hoy por un gran número de gentes que ansían presentarse como prójimos, si bien no lo son. Casualmente camino por esta ciudad y observo "la apariencia": Esa cosa apesadumbrada y dura como una piedra que nos enseñan a poner como adarga ante nuestro yo verdadero desde que nacemos, para que los demás no se den cuenta al instante de lo hijos de mala madre que venimos siendo. Distingo, enfrascado en humo de tabaco crédulo, como dialogan esas almas en pena después de haber comulgado en cualquier iglesia, por lo de sentirse bien con ellas mismas (Jesucristo es un ser magnánimo con una descomunal paciencia). Algunas caminan con sus abrigos de visón, con su euro diez para el café con leche y el vaso de agua del grifo, y los labios pintados cual payaso que llora a solas y que sólo después de su gran actuación. Sonrío. ¿Cómo no hacerlo si estos personajes baldíos se creen la elite de una escuela de huesos rechinantes y apoderados de sabe Dios qué grande cosa? Estos seres abundan mucho en esta ciudad invivible pero ineludible; en otras ciudades también existen, no les quepa la menor duda. Son cachos de una personalidad sórdida, avara y atroz. Desaires humanos de los que no podemos, siquiera, aprovechar sus órganos huraños para ayudar a alguien que necesita un transplante. Son bandera negra con tibia y peroné y ciática, una especie en extinción, gracias al cielo y a la edad que pone a cada uno en su sitio. Ahora que ya estamos en junio, a algunos de estos histriones los noto marchar con chándal "Nike made in Portugal" de manera exaltada, en busca y captura de la delgadez, no vaya a ser que alguien critique. Muchas veces paran, parlamentan, se susurran al oído una frase súper intelectual, y enseguida vuelven a caminar velozmente, como si los acosase el diablo y sus mejores becarios. Repito: Es sublime ver como el tiempo pone a cada uno en su sitio, reparar en como todos sabemos de todo... de nada. Y con coraje de increpar, me viene a la cabeza aquella frase que encierra tanta verdad: "Las damas de la calle me merecen un mayor respeto que esas putas intelectuales que son la gran mayoría de los escritores y artistas de hoy en día".


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NOTA BIOGRÁFICA (informal): Fue a finales de los años 70 –creo- que nací y me mostré al mundo, o el mundo se mostró a mí, ¿quién sabe? Enseguida gusté de la literatura y de los sentimientos favorables o infavorables que conlleva. Participé en numerosos premios literarios y fui premiado en algunos de ellos, tanto en lengua gallega como en lengua castellana, y llegué a colaborar en revistas literarias y periódicos. Más tarde, con el viento a favor y con ánimos de mostrar trocitos de mi obra, publiqué el poemario “Destilería Ocaso”, (año 2004), y tiempo después, “Neurosis Tremens” (año 2005). Más tarde colaboré en el anuario "Galicia Selecta" (año 2008) junto con autores de la talla de César Antonio Molina, Yolanda Castaño, Celso Bugallo, Olga Ruibal, Cristina Pato, entre otros. dDespués vino "Material de Soños", poemario en gallego, editado por Hipocampo Amigo, del escritos y editor D. Sabino Torres Ferrer. Hoy por hoy, y tras haber vivido y bebido tanto y tan poco, todavía llevo conmigo ese deseo de continuar poetizando, narrando o pensando, y sentir de manera sobrehumana e “insensata”, deseo con todas mis fuerzas visualizar horizontes crepitantes aptos para vivir en paz, solidaridad absolutamente irreverente.

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