Los amores perdidos
El amor se ve generalmente como algo complejo, como un sentimiento poético que reside en una realidad distante a la nuestra, se ve y se percibe como algo difícil de alcanzar, incluso, científicamente se dice que el enamoramiento dura un máximo de tres años. Y el caso es que yo opino que la mayoría de las veces confundimos el amor con la obsesión, o incluso con la felicidad fácil, o la conveniencia. En cierta ocasión, hablando sobre este tema, me dijeron que el amor es un acto de fe, el amor se distingue con facilidad, se sabe que es amor por el propio sentimiento amoroso, se cuida y se respeta, se hace grande a medida que surgen en la pareja detalles como la sincerad, la complicidad y la cortesía.
Existe algo que mata, que asesina descaradamente al amor, y ese algo es el egoísmo. Hay una frase bastante pronunciada, ante todo en esta sociedad tremendamente enflaquecida, que es: “Contigo pan y cebolla”. No conozco a casi nadie que esté de acuerdo con ella, a no ser los enamorados, o los enamoradizos, tanto da. Yo insisto en decir que el amor hay que cuidarlo, incluso materialmente, por eso habría que matizar y comprender el verdadero significado de la frase en sí.
El amado únicamente vive por y para la amada, y viceversa. Es en este instante de pleno enamoramiento, de iniciación en el conocimiento de la persona querida, cuando esta frase queda totalmente rancia, y sólo importa lo que importa: la otra personalidad que nos ayuda inevitablemente a progresar. Más tarde, y poniendo sobre la mesa la fe y la voluntad para hacer duradero el amor, la frase anteriormente nombrada no sería enteramente asequible, ya que la persona física come, y bebe, y gusta de llevar una vida de bienestar, de floreciente futuro, algo que no tiene porque estar en desacuerdo con el verbo amar. Esto no quita el sentido poético de la relación de pareja, siempre y cuando la pareja base su unión en los valores citados: sinceridad, complicidad, cortesía... etc. Y es que en ocasiones me pregunto cuántos amores verdaderos habremos perdido a causa del egoísmo, a causa de no dar el brazo a torcer en el momento adecuado, teniendo o no razón, y sabiendo que estábamos discutiendo por asuntos banales, estúpidos, cosas que no eran dignas de despedazar una relación que prometía ser duradera y feliz.
Los amores perdidos puede que no vuelvan, seguramente esto sea así por mucho que nos duela. Sin embargo los amores futuros y no perdidos debieran estar basados en los prósperos valores. Opino que la humildad sería un buen comienzo para conseguir el amor, para tenerlo a nuestro lado durante años, siglos o vidas. Amor no sólo de pareja, sino amor en todos los sentidos de la palabra, en todos los sentidos de la vida que aspira a ser sensata.
“Diario de Pontevedra, 10 de mayo de 2004
