PONCHO GRIS (años después)
Pregúntame por la honestidad y sin duda te hablaré de él. Fue y es simple su vida, aunque sus esfuerzos por aligerar el peso de su dolor siempre ha sido una constante. Este hombre, este sentimiento, le dio la vuelta a la rosa hasta el punto de lograr ver la hermosura que se escondía entre los pétalos que casi nunca se ven, entre las manos firmes o temblorosas -da igual-, pero siempre manos dispuestas a ayudar. Hombre a medias y amigo completo. Espada pacificadora y comprensión admirable. Ambos hemos cometido errores y ambos nos hemos reído de nuestros pecados. Poncho Gris... Con noche y con leve sonrisa. Habituado a vivir en posición de aliento vital y con sosiego, habituado a percibir el calor y las bellezas de esas mujeres que casi nunca apuestan por lo que él es verdaderamente. Pregúntame, pues, ya que me encanta hablar sobre este tipo de personas; yo admiro este tipo de personas.

