Pudiendo ejercer...
Pudiendo ejercer de cúpula
entre los senos de tus temibles ojos,
opté por ejercer de norma sobre todas las normas.
Acogí en mi tetera
el río ordinario de los alaridos y el vórtice
de un lenguaje absolutamente antiguo
y maldito.
Me dicen que algunos dioses juegan al póker
las tardes febriles de otoño;
mi conclusión fue un signo vil ante esto,
y no tuve más remedio que partir
hacia la tierra de los pésimos argumentos.
Pudiendo ejercer de cúpula
sobre los ojos rotos de tus venas abiertas,
ejercí de tributo ante el miedo
del destiempo.
