Con y Sin ánimo de ofender
a Manuel Jabois y su 1 de Junio
Pienso y sé que el pensamiento es arcaico:
la verdad no existe, dicen, y yo –lo siento-
tengo una verdad en mis tórridos yacimientos.
En la vida te vas acordando de lo que fuiste:
una bobina desordenada de versos malolientes,
un credo que sólo tú comprendes, un ahora,
un para siempre, la rutina de morder y ofender,
la perspicacia de intentar no suplantar tu alma
por el ánimo de derribar inventos que otros asesinen
en las aceras para arruinar tu certeza.
Con y sin ánimo de ofender escribo estos versos.
Tú también lo haces, a tu manera: con desdén, con frenesí,
aireado y fracasado..., resuelves investigar a C. Vallejo
en la antigua soledad de una noche más sin sentido
y semeja que esto, la vida, me refiero, sí posee sentido.
En cierta ocasión me atestiguaron desde un pésimo páramo
que las fechas amatorias no son más que idealizaciones
hechas con desesperación y coñac demasiado barato.
Desde el inicio me he reído de mí mismo, aunque,
con ciertas afirmaciones no he tenido más remedio
que reír y vomitar y gritar opacidades de “no quiero”.
Pero, dichosamente está presente C. Vallejo
y un 1 de Junio que romperá los ciclos malolientes
de las lenguas viperinas que envidian
y no pueden dejar de envidiar.
Te ruego, tú que confortas y ofendes
gracias a la exclusiva mueca de una pluma
que tiende a ser pluma preceptora,
que le guiñes un ojo a lo venidero
y saltes de gusto cuando algunos escupan
al advertir la tinta añeja de tu felicidad.
