Sinceramente estúpido
SINCERAMENTE ESTÚPIDO
Por momentos pienso que el ser humano es un conejillo de indias endiosado, metido en una jaula de hierros sin respuestas. Uno de los principales problemas de la sociedad es el olvido o el esquinazo que le ha dado al hecho de sabernos mortales. Yo, hace no muchos años, caí en la cuenta de que la muerte ronda a nuestro alrededor cual cuchilla sangrante en un matadero, y viéndome mortalmente humano, decidí una docena de cosas que me gustarían llevar a cabo antes de fallecer. Una de ellas fue la de intentar ser sincero a lo largo de la vida que me quedara por vivir. Enseguida caí en la cuenta de que la gente pide, incluso exige, que seas sincero, asegurándote que lo valoran por encima de todo, mas, al final, lo único que fui consiguiendo con mi sinceridad fue pérdida de dinero, “amigos”y sueño. Lo que sí logré –hay que decirlo- fue una personalidad destacada, que me vino muy bien para enfrentarme a la irremediable caída de cabello, las miradas escabrosas hacia mi persona, y las docenas de enemigos que me iba ganando a medida que decía lo que pensaba. Vamos, un chollo. Aún así, todavía es hoy el día que intento ser lo que quiero ser. Sé que la expiración nos ronda y que todos nacemos originales, y que casi todos morimos como copias. Me siento orgulloso de mí mismo la mayor de las veces, menos esas noches en las que no doy pegado los párpados porque he recibido una nota (anónima, eso sí) en la que me describen cómo me van a arrancar los mondongos sin disimulo alguno. Sí, es así, tal y como se lo cuento, la gente no quiere lo que dice que quiere, al menos la mayoría. La gente desea escuchar lo que le conviene. Somos una raza de víboras que pasamos por la existencia escupiendo al cielo, un cielo que se ríe de nosotros al vernos tan minúsculos y dolientes. Hoy por hoy, en un intento de continuar con esta tarea endiabladamente difícil, ya no hablo tanto. Prefiero silenciarme y escuchar las patochadas de la inmensa mayoría, el “hoy te digo esto y mañana lo otro”, el “cómo te echaba de menos”, cuando estás presente, frente a ellos, y después, “yo a este lo le arrancaría la nuez con los dientes”. Sí, supongo que moriré de manera singular: me caerá en la cabeza un huevo duro de kilo y medio, o me atropellará un seiscientos que circule gracias a la resina de un pino milenario, quién sabe. Lo que sí les puedo decir, es que ayer estuve con un buen amigo, digo amigo porque es uno de esos que pasan por la vida diciendo lo que realmente opinan de ti, te guste o no te guste. Recuerdo, hablando sobre la franqueza, que le conté lo mismo que les estoy contando a ustedes, reconozco que con cierta aura de orgullo circundándome. Al final, ya sintetizando lo expuesto, le pregunté qué le parecía mi manera de actuar en este burdel llamado vida. Él me miró fijamente, enseguida dio un sorbo a la copa, y con porte de envite respondió: “Sinceramente... estúpida”.
Diario de Pontevedra 6/10/08
