Jamás Temor
Aceleradamente vamos recorriendo el espacio que nos han cedido: Un espacio huraño como un día sin filosofía con frunces de honradez. Apresuradamente buscamos la respuesta al todo. Entonces es cuando escucho de la boca del bueno de Luis Carlos: "Jamás temor". Tal vez de ahí vengan las prisas: del temor. Los miedos nos recorren el cuerpo como si fuesen diablillos con ansias de perturbar nuestro hábitat interior y exterior; mas, cuando el hombre deja a un lado los miedos, se encuentra en una zona habitada por la tranquilidad de la sapiencia y la vaguedad de saberse libre. La vida ni es corta ni larga: La vida es vida. Nada es comparable con ella, nada existe sin vida. Por tanto, ¿por qué preocuparnos en ir tan aprisa, en quedar bien con todos los que nos rodean? ¿Acaso no es más lícito e inteligente ser uno mismo cueste lo que cueste o digan lo que digan las demás personas que nos rodean? Jamás temor. Repito. Un buen enunciado para esta sociedad perdida en prejuicios, engaños y fingimientos. Sólo hay una vida, tal vez varias... ¿Quién sabe? Pero, sin duda, el temor a mostrarnos tal y como somos, el temor a decir lo que queremos decir, el temor a no romper con lo establecido es únicamente cobardía, y un hombre cobarde vale poco más que nada de nada. Aquél que sufre, que se retuerce por ser uno mismo dejándose la piel, la mente y el alma, llegará a donde debe llegar el ser humano, que es la plenitud de la conciencia. El hombre que vive retenido por las imposiciones de otros hombres, por los miedos, es un hombre sin vida, sin materia ni espíritu, ya está, por así decirlo, fallecido en vida. El problema de la sociedad actual es la falta de sacrificio. Todos anhelamos la vida fácil, sea de la manera que sea, alcanzar un estatus aunque para ello debamos utilizar métodos nada ortodoxos. Aún así, se ve cada día con mayor claridad a lo que nos ha llevado la vida cómoda, el "vive el momento" mal entendido nos ha llevado a un estado de sitio donde la recesión taladra a la inmensa mayoría y el conflicto moral hace mella en el ánimo de un número grandioso de personas. Pero todo es cíclico. Después de esta purga todo volverá a su sitio. Cuando aprendamos de los errores gracias a la maza del destino y de lo que se nos escapa, entonces, inevitablemente, retornaremos al punto de partida, ese punto de partida donde reina la equidad, la ética y el sentido común compasivo. Sacrificio. Falta sacrificio y sobra necedad. Mientras escribo esto, D. Juan Vidal Fraga, filósofo, abogado y columnista de este DIARIO, lucha sin descanso por salir de un coma, al parecer, irreversible. Conozco a Juan Vidal, y ha hecho frente a más de mil reveses a lo largo de su vida, y ha conseguido continuar adelante, también se ha sacrificado por cientos de personas, aunque la gran mayoría de ellas sean ingratas y ya no sepan lo que él hizo por ellas. Por eso, hoy, desde aquí, amigo Juan, te digo "jamás temor", y que Dios sostenga con sus manos tus ganas de seguir luchando y dando ejemplo.

