Don Juan
Cuando miro hacia delante, apremiantemente, tengo que mirar hacia atrás: Allí, en el pasado no tan lejano, me encuentro con dignidad, sentido común, idealismo y entereza física y mental. Allí es donde está situado mi primer encuentro con Juan Vidal Fraga, filósofo y abogado de causas perdidas, amigo de sus amigos, es más, incluso amigo y "amante" de sus enemigos. Fue (todavía es, porque creo que está a nuestro lado, aun habiendo fallecido el paso 19 de junio), uno de esos hombres plausibles, digno de ser escuchado y querido, aunque, en los últimos años, ya pocos éramos los que le escuchábamos, ya pocos éramos los que percibíamos en su persona una especie de adalid con pipa desgastada por largas y penosas enfermedades, y el pasmoso tormento de sobrevivir en la soledad lóbrega en la que él residía; una soledad que no evitaba que continuase luchando y luchando por y para que en este mundo con hedores varios existiese algo llamado justicia. Murió el hombre, la sombra bohemia de una Pontevedra venida a menos porque él ya no está físicamente entre nosotros. Les aseguro que Don Juan, tal y como le llamaban muchos, continúa entre nosotros; olfateo en este preciso momento la fumarada de su pipa añeja, siento su presencia de ser humano vinculado con lo espiritual, con lo inteligente de saberse humilde de corazón... Hasta el último de sus días luchó por vivir y hacernos entender que un mundo mejor es posible. Se fue mi mentor, mi amigo, mi apoyo irrefutable... Se fue un Maestro de la honestidad, un veterano caballero quijotesco de los que ya no quedan, porque el mundo está loco, porque ya eran muy pocos los que gustábamos de su presencia. Nunca tendré palabras de agradecimiento hacia su persona: Magnífico Hombre con mayúsculas que saludaba cada amanecer como si fuese el primero de su vida. Sagaz gentilhombre errante, figura trascendental a la par que mohína por las deslealtades, trascendental creador de encantamientos filosóficos, héroe en tiempos de villanos y de gentes infames, avispado y desperado frente al peligro, enamorado, siempre enamorado del eterno femenino. Cuando miro hacia delante veo que tarde o temprano volveremos a estar juntos, lo sé: Él ahora ya descansa en su querido Cambados natal, porque nunca dejó de amar sus orígenes, porque el que no aprecia de dónde viene es un necio. Juan Vidal Fraga: Amado por ser único, odiado por ser diferente. Has dejado una huella importantísima en esta ciudad que ya no sabe de la importancia de las huellas indulgentes. Descansa en paz, compañero.


sandra dijo
Como siempre, has encontrado las palabras para describir lo que es Juan para muchos de nosotros. Y como bien dices creo que estará siempre acompañandonos en nuestro camino.
Hermosas palabras para un ser humano excepcional.
Un saludo, Sandra.
23 Junio 2009 | 09:55 PM