R.I.P.
Recuerdo un árbol.
Insisto en que el árbol era cinc.
Puedo convertir con mis manos una hoz
en un capricho de medianoche adornado
con deseos de seguir deseando.
Me marea el punto medio de un ciclón
y dos cucharadas de realidad indulgente;
me devoro los ojos y percibo que la cuestión
es ser o seguir siendo poeta penitente.
Ser feliz es un acto que ya fue.
Nariz de gnomo y garras de serpiente:
Te esperaré en una laguna con heridas,
un lugar situado en el límite de los dos mundos.
Recuerdo un árbol.
Invisible era el olor de tus labios.
Penumbra en noche, oleaje de ademanes,
recuerdo el aprieto de sentirme hombre...

