Somos Buena Gente
Desde que cumplí los 18 años ya no soy persona, quiero decir, los años han pasado tan deprisa que la memoria me ha pedido una pistola para auto compadecerse, y las piernas se me cansan a destiempo, y la madurez va y viene, como si fuese una especie de faisán en un festín de payasos sin gracia. También creo que más de un político se debe sentir como yo: viejo sin serlo, cobarde de lapsos y un tanto acojonado, aunque él a causa del desfalco que realiza a diario. Ya no importa si eres de izquierdas, derechas, centro o medio centro con derecho a gol; ahora todo hijo de madre sin apellido agarra lo que puede y punto, aunque luego salgas en la portada del Diario. Pero los españoles somos buenos, buena gente, con paciencia, con buen gusto y boina azabache del Corte Inglés. En esta España multicultural y pródigamente racional, todos sabemos, todos opinamos, todos nos cagamos en las madres sin apellido, pero hacer, lo que es hacer, no hacemos nada de nada (mexan por nós e dicimos que chove); y quien se queje de la clase política que no se olvide también de la sindical, y la patronal, y muchas otras que reparando en el apuro de la recesión abren sus manos y recogen el maná del cielo, maná robado y bien robado a los pobres trabajadores de este país de piadosas tradiciones e inmejorable gastronomía. En 1789, por ejemplo, en Francia se armó la marimorena por cosas como ésta, ya sabe usted: abuso de poder y confianza, promesas varias sin cumplir, listillos transportando bolsas de basura con billetes de 500 euros, "Caso Gürtell", Gresca de poder en Caja Madrid, los nervios de Rajoy al ver cómo le crecen los enanos; "Caso Palau", "Caso Pretoria", con ocho detenidos, entre ellos un alcalde del PSC muy llorón y muy arrepentido. Pero no, los franceses ante este tipo de situaciones se comportan como neurasténicos, no razonan ante las escusas y el talante, porque quizás no sean tan buenas personas como nosotros, personas con aguante y saber estar. Ellos enseguida sacan una guillotina y dos docenas carabinas por las calles, y blasfemando abordan a los que cortan el bacalao, y hacen una Revolución, así, como si tal cosa, como si las subvencionase el Estado o Caritas Inter parroquial, o la Cruz Roja, o qué sé yo. No, amigos lectores, la actitud ibérica es la actitud a seguir: Qué pasen los días, los meses y los años; que salga el Sr. ZP el próximo año 2010 y diga: "En el tercer trimestre del 2011 conseguiremos el pleno empleo, ayudas para las Pymes, para el autónomo con cinco hijos y un cheque descuento para el McMenú del nene, he dicho (con talante, por supuesto)". Y todos, o casi todos, creyendo su palabra, la de él y la de los otros, la de los que sean. Porque somos gente de bien, gente que sabe agarrarse los machos aunque sea a golpes de morosidad; somos estoicos españoles de primera división con derecho a Champions League, a G-20 con Obama y esposa, somos hombres y mujeres que comienzan a creer en la reencarnación y en los ansiolíticos made in Taiwan que venden por Internet, ya que ayudan lo indecible la hora de pagar la hipoteca.

