Señales de aviso definitivo
Cuesta corromper a un hombre lícito;
más me cuesta a mí recoger los yerbajos
y masticarlos como si fuesen arenillas
de una playa sin señales de aviso definitivo.
Corre noviembre entre las cuestiones;
otro Paraíso y otra humedad nos recorrerá
el cuerpo cuando sepamos distinguir
lo correcto de lo incorrecto.
En ocasiones viene el Futuro
y me susurra lamentos;
no es que sea yo alguien importante
en este lugar reservado para los huesos partidos...
Yo no soy más que una circunstancia adversa
en tiempos de ida y vuelta, sin más,
tiempos en los que no aceptamos el sacrificio
ni la derrota de cada día.

