Pequeño
Va naciendo el sol, lentamente, y sé que quiero ser pequeño. La noche anterior, entre cigarros-muerte y versos de otro tiempo, tuve la idea de dejar la adultez a un lado y estrecharle la mano a lo fundamental, a lo evidente que no es tal, a eso que vivimos hace tiempo y que ya hemos olvidado. Ahora anhelo ser pequeño; un niño sin aspiraciones de adultos ineptos, estúpidos, maduros... Anhelo bailar en un parque con colombios, al tiempo que escucho una canción de cuna, y mis padres me aseguran que el futuro es algo bellísimo construido por las manos precisas de esos duendecillos que fabrican huevos Kinder, chuches de colores imperecederos y películas Disney con final feliz. Van llegando los rayos del sol que rozan mi rostro asegurándome que más allá de todo lo establecido reside lo fundamental, lo heroico, lo que vale la pena sufrir y vivir ya que es Vida. Un tic-tac resuena en mi cabeza atormentada por las injusticias humanas, y babeo esperanza aliñada con una manera bastante noble de escucharlo todo de otra manera mucho más inocente: Neruda me dice reposadamente: "En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre el niño que vivía en él y que le hará mucha falta". Pequeño... Lucho por ser un chiquillo para que la neurastenia vaya a menos, y pueda, al fin, darle un sentido al propio sentido de estar vivo entre tanta mediocridad, entre tantos esqueletos muertos de majadera avidez y prosaica sabiduría que no nos lleva a ninguna parte, a no ser al homicidio de intentar ser felices y no conseguirlo a causa de una educación en la que nos dijeron: "Coge lo que puedas y corre, arrastra al que está a tu lado y llega a lo más alto, cueste lo que cueste". Ya lo decía el magnánimo y escandaloso Oscar Wilde: "En esta vida la primera obligación es ser totalmente artificial. La segunda todavía nadie la ha encontrado". Eso es lo que rige a las sociedades, a la persona: lo artificial, lo falso, lo que no es. Dejamos de ser para convertirnos en seres que no son: Adultos con derecho a nada, grandes hombres que son pequeños y no lo saben, o quieren borrar de la memoria que lo son. Por eso yo deseo volver a la pequeñez: ser igual y diferente, ponerme a la altura de un recién nacido al que todo le parece maravilloso, increíble, lleno de luz y cordura. Ser pequeño, felizmente pequeño, y no morir en el intento.

