La Coctelera

Obra Literaria de Alexander Vórtice

Poemas, Relatos, Pensamientos y Artículos (Blog con Derecho de Admisión)

23 Noviembre 2009

No somos nadie

Odio desde siempre el hecho de tener que asistir a funerales y entierros; suelo estar allí cuando no hay más remedio. Si un buen amigo fenece, me siento en el sofá de mi casa y rememoro con aire agridulce la última vez que estuvimos juntos él y yo, con dolor, asimilo el hecho de que no va a estar más por estas tierras quemadas con sabor a sal, limón y tequila abaratado. No me hace falta estar frente al ataúd con semblante desmembrado, tos de difunto y lloro que no me suele salir, porque llorar por dentro es mucho peor, porque ya vengo llorado de casa. Repito, odio los funerales, hasta el punto de que no estoy muy seguro de que asista al mío; me encanta pasear con la parienta diciéndole que todo va a ir a mejor, tomarme la cerveza homérica de los sábados con Nardo, Carlos y Nacho, porque son gente que aún respetan y eso vale mucho. Me gusta el susto del amanecer, y ver como mi gato (Sir Poe) se obceca en intentar una y otra vez en agarrar las moscas de la cocina (casi nunca lo consigue, pero el animal no desiste). Me encanta el sudor de un beso a última hora de la noche, el saber que mi carácter asilvestrado es apetecible para algunos... Acepto una boda, un bautizo, un rezo prolongado para que la humanidad vaya por mejor camino, pero los funerales no, porque los funerales son actos impropios de mi persona. Soy consciente de que existen personas "partidarias" a presentarse a todo tipo de eventos de este tipo: no importa que conociesen al difunto o difunta únicamente de vista: se instalan frente al féretro abierto, muy cerca del muerto, y lloran... No sé muy bien el por qué de este episodio, pero lloriquean como si el sujeto hubiera sido un hermano del alma mía, la piedra angular de sus vidas. Más tarde, buscan a los familiares más próximos, los abrazan y los consuelan -es lo bueno de saber que el familiar en cuestión está lacerado, lloriqueado y derrotado: que nunca te va a reconocer-. La muerte... Citaba Secundo sobre el tema: "La muerte es un sueño eterno, un espanto de ricos, un apartamiento de amigos, un deseo de pobres, un caso inevitable, una peregrinación incierta, un ladrón del hombre, un fin de los que viven y un principio de los que mueren". Y yo sí que creo que tendrá que haber un principio después de la funesta ida al otro barrio, inevitablemente, con o sin risas. Pero, hace unos meses, acudí a un velatorio con lluvia, noche cerrada y vestimenta negra para la ocasión; entré en la sala atolondrado y desencantado, seguidamente di mi pésame de rigor y me mantuve recto como una ternera bien nutrida frente al degolladero. Enseguida se me acercó uno de esos sujetos anteriormente mencionados, "cuervos de pasar el rato", por llamarles de alguna manera. Yo ni le miré, mi cabeza andaba a lo suyo. Él sí me miró a mí, muy detenidamente, como si yo fuese un adorno macabro puesto allí por el mismísimo Tim Burton; luego colocó su brazo sobre mi hombro, mansamente, como sólo saben hacerlo los profesionales de lo funesto, y me susurró con tono de muy mal agüero: "No somos nadie". Entonces sí que no pude más: quité violentamente su brazo de mi hombro, le miré a los ojos como quien mira al juez en su alegato final y le sentencié: "¡No será nadie usted y su puta madre!".

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NOTA BIOGRÁFICA (informal): Fue a finales de los años 70 –creo- que nací y me mostré al mundo, o el mundo se mostró a mí, ¿quién sabe? Enseguida gusté de la literatura y de los sentimientos favorables o infavorables que conlleva. Participé en numerosos premios literarios y fui premiado en algunos de ellos, tanto en lengua gallega como en lengua castellana, y llegué a colaborar en revistas literarias y periódicos. Más tarde, con el viento a favor y con ánimos de mostrar trocitos de mi obra, publiqué el poemario “Destilería Ocaso”, (año 2004), y tiempo después, “Neurosis Tremens” (año 2005). Más tarde colaboré en el anuario "Galicia Selecta" (año 2008) junto con autores de la talla de César Antonio Molina, Yolanda Castaño, Celso Bugallo, Olga Ruibal, Cristina Pato, entre otros. dDespués vino "Material de Soños", poemario en gallego, editado por Hipocampo Amigo, del escritos y editor D. Sabino Torres Ferrer. Hoy por hoy, y tras haber vivido y bebido tanto y tan poco, todavía llevo conmigo ese deseo de continuar poetizando, narrando o pensando, y sentir de manera sobrehumana e “insensata”, deseo con todas mis fuerzas visualizar horizontes crepitantes aptos para vivir en paz, solidaridad absolutamente irreverente.

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