SOCIEDAD DE EPIDERMIS
En estos tiempos de stress poco o nada llevadero, de muertes fatídicas a causa de la Viagra cibernética, de monedas sanguinolentas que hacen progresar amores y parejas, ya no luchamos por nosotros mismos, ni por él, ni por ella, ni por ellos... En estos tiempos, señalo, se van muriendo incluso ésos que veíamos allí arriba, en su zócalo intocable, y caemos en la cuenta de que "Lady Muerte" también puede con los "respetables". Vegetamos tiempos de existencia y comida rápida; cerramos nuestras bocas con grapas oxidadas ante las iniquidades, porque así hacemos que las nuestras también persistan en silencio, porque así la careta se muestra de manera más convincente y dotada de hermosura. Y mientras tanto, entre falsedades y emociones correosas que sostenemos y consentimos, encubrimos nuestros actos ante la franqueza, ante esa persona que nos quiere, que nos respeta, que daría su escasa conciencia o su propia vida por estar un minuto más a nuestro lado para disfrutar de algo relegado, algo llamado usualmente "Amor". En estos tiempos en que conseguir la amistad verdadera es una alucinación sicotrópica, nos sentamos al fresco y decimos: "Yo voy a lo mío"; y la esfera insuperable de la hipocresía es tal, que ni yo, que escribo dando mi opinión con estas letras transitorias, puedo alicatar las antiguas fuerzas que ayer poseía para darle más valor y energía a mi frustrada esperanza. Vivimos una etapa de la historia en que los héroes fueron a por tabaco y no volvieron a causa del atasco tenebroso que circunda las calles que normalmente transitamos. Muchos sonríen regocijamos al ver en la caja tonta que nos domina con sus ondas multicolor a unos oradores que nos dan consejos a doquier, y que salen en las revistas enseñándonos su cocinita nueva, o su amorcito de sábado noche, o el último modelito made in France con el que pretenden dar "sencillez" a su acongojada pero glamurosa vida, con contrariedades dignas de ser compradas para hacer de ellas bonitas crónicas que todos los que no somos famosos acabaremos utilizando como pasatiempo de una u otra manera. Nicolas Chamfort, moralista francés, lúcido y escéptico, dice sobre la sociedad contemporánea: "El amor, tal como se practica hoy en la sociedad, no es más que un intercambio de dos fantasías y el contacto de dos epidermis". Tal vez ese sea uno de los principales problemas: que nos hemos olvidado definitivamente del "otro amor": ese sentimiento que no juzga fácilmente, que rebosa cordialidad y generosidad, que intenta sobrevivir a base de abrazos, consejos sinceros y veraces, lejos de la soberbia, y muy, pero que muy cercano a algo postergado a lo que llamábamos hasta no hace tanto, humanidad.

