La Coctelera

Literatura de Alexander Vórtice

Escritor de minorías

13 Julio 2011

PUÑALADAS

 

Hay ocasiones en que recojo el testigo de la pluma rebosante de tinta negra, esa pluma que se dio por vencida al ser consciente de que las iniquidades se iban multiplicando como conejos en una orgía y que, al igual que el Ave Fénix en tiempos de suma languidez, se quedó quieta en medio de los desmañados hombres para que alguno de ellos la recogiese del suelo, y así darle uso mediante los más inusitados sentimientos. Y habiendo recogido el testigo es entonces cuando llega la Crítica, ésa inconmovible prostituta de vigor relativamente pernicioso y embriagador que de malas te indica dónde podías haber puesto la tilde, la metáfora o la cita celebre que en ocasiones utilizo para darle un toque magnánimo a mis escritos, siendo sabedor de que por mí mismo, nunca llegaré a escribir en toda mi vida más de dos o tres grandes frases. Siempre me he reído de mi estampa, pero cuando fui consciente de lo mucho que se reían los demás de mí, tuve que superarme, y convertir mis sonrisas en carcajadas; debo reconocer que en esto me ayudó también la ya mencionada Crítica (todos somos grandes reprobadores, hasta que a uno le endosan media docena de verdades vejatorias, y acaban por disgustarnos de sobremanera las opiniones de los demás, por y para siempre). Pero reírse de uno mismo, al parecer, es síntoma de salud interior, de madurez inmediata y saber estar. Por otro lado, qué mejor que vacilarme yo a mí mismo, qué mejor método de supervivencia que arrojar grandes puñaladas a mi propia espalda, para que le hagan compañía a las 2.200 que ya habitan ahí atrás desde hace décadas, y que le van cogiendo el gusto a provocarme sangre, sudor y lágrimas de cocodrilo. También es bueno llorar para aceptar la sagacidad. Ya nos lo indicaba Fiodor Dostoievski: "El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor". Acaso sea que las grandes vibraciones del ser humano se resuman en mímicas y quejidos, en agotamientos, en lucidez y glorificaciones demasiado automáticas pero necesarias; mas, pese a todo y a todos, el irrefutable dolor es ese que se acuesta a nuestro lado y nos mastica despacio, el que comete actos de omisión, el que pasea por las travesías enlutadas y no se esfuerza en cobijar bajo sus brazos al hombre que se halla tirado por motivos de acrecentada depresión. El verídico dolor, repito, puede resumirse en llantos y sonrisas, pero, desde mi humilde punto de vista, lejos de las puñaladas quincalleras, el dolor más grande que existe es ese que aparece cuando nos miramos atentamente al espejo, y al fin vemos tal y como somos en realidad.

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FERNANDO SANCHO

FERNANDO SANCHO dijo

En este apartado dice: "escribe tu comentario" ¿que c voy a comentar, cuando los que hemos recibido esas puñaladas nos causan el mismo dolor?. Las peores, las de los que las dan con cara sonriente, esas duelen especialmente. Las de los valientes que te las dan a la cara, a esas no temo ni me causan dolor.

16 Julio 2011 | 08:30 PM

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NOTA BIOGRÁFICA (informal): Fue a finales de los años 70 –creo- que nací y me mostré al mundo, o el mundo se mostró a mí, ¿quién sabe? Obras publicadas: “Destilería Ocaso”, (año 2004), y tiempo después, “Neurosis Tremens” (año 2005). Más tarde colaboré en el anuario "Galicia Selecta" (año 2008) Hoy por hoy, aún me atrevo a escribir..., lo siento.

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